Lo difícil no fue votar, fue entender la opinión del otro

El pensamiento crítico ha sido un tema del cual Claudia Restrepoy yo hemos estudiado bastante; sobre todo, se ha convertido en un elemento fundamental para nuestro trabajo y nuestros clientes.

Sin embargo, a pesar de conocer sus pasos y su importancia, este último mes me costó tomar una decisión fundamentada y pensar críticamente. Las elecciones en Colombia 2026 fueron un verdadero reto, y entendí que lo más importante de este proceso está en identificar mis barreras y emociones para poder abrir la mente a otras opiniones.

Me costó entender por qué tantos querían a un candidato que me parecía malo, por qué el candidato que, desde mi visión, era el mejor para Colombia no pasaría a segunda vuelta o no tendría siquiera una oportunidad de lucharla. Me confrontaron los bandos y luego hice parte de uno. Bandos en los que la opinión del otro era equivocada, casi lunática, olvidando que esos otros también estudiaron la información y simplemente llegaron a una conclusión diferente a la mía.

¿Qué hacer cuando el otro, después del análisis, tiene una conclusión radicalmente diferente a la tuya? ¿Qué hacer cuando las emociones están a tope y se "cree" que estamos luchando por una justa causa?

A mí me sirvió recordar que sí hay una causa justa, pero que no es la única. Que el otro no está equivocado por querer algo diferente. Y que antes de discutir hay que escuchar para poder llegar a acuerdos.

En Colombia la democracia jugó su rol y no tuvimos que estar de acuerdo para que se tomara una decisión. Cada quien votó por el que mejor le pareció y el conteo dio el resultado. Pero me quedé pensando: ¿cuántas decisiones importantes debemos tomar en el día a día, en la empresa, tienen la misma emocionalidad, el mismo reto en el que dos socios no tienen la misma conclusión y no se toma ninguna decisión?

Me atrevo a decir que esto es pan de cada día y, como en las votaciones, argumentar que es una decisión de vida o muerte, que es salvar la patria (o el negocio), que se va a caer la democracia o se van a acabar los páramos… no hará que el otro cambie de opinión. En el peor de los casos, se atrinchera igual que nosotros a luchar por ese concepto radical en el que tenemos una idea fija defendida con los dientes.

Aquí es donde cobra una gran importancia el pensamiento crítico, ya que, haciéndonos cargo de nuestros prejuicios y barreras, encontramos de qué debemos cuidarnos para no cerrar la mente. Entendiendo nuestras emociones (¿por qué me da tanta rabia? ¿Por qué me preocupa tanto?) es donde identificamos por qué es tan importante y tal vez sea la misma razón por la que la otra persona lucha tan apasionadamente. Encontrando un punto en común se inicia una conversación.

También está, por supuesto, una preparación antes de compartir esas ideas: hay que tener estudiado el tema, haber escuchado a expertos y confrontar nuestras ideas con otros puntos de vista para llegar a un concepto, que es el que compartimos con los demás.

Y aquí hay un capítulo fundamental en el que creo que muchos fallamos: el consumo y el envío de información viciada, con opiniones sin fundamento o bases sólidas comprobables. Inundamos a todos con videos y artículos con el objetivo claro de espantar al otro, de recurrir al cargo de conciencia; creímos que, si asustábamos, convenceríamos.

Y sí, el miedo mueve a la gente, pero cuando se empieza un proceso en el que todos tenemos que pedalear hacia el mismo lado, se necesita más para movilizar y, sobre todo, motivar: se necesita generar confianza. Y es por esto por lo que hay que recurrir a argumentos que generen un propósito en común.

El pensamiento crítico es el análisis de información certera y de fuentes confiables; identifica sesgos (ideas preconcebidas y emociones) que puedan afectar una apertura de mente suficiente para considerar diferentes enfoques y poder emitir un concepto.

En el caso de Colombia, ese concepto fue el voto. Pero en una empresa ese concepto debe exponerse y debe convencer a los demás para movilizarlos a la ejecución de dicha decisión y, para eso, debemos tener argumentos claros y comprobables.

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