De camino a la generación plana: la culpa del algoritmo

¿Tanta personalización nos está convirtiendo en una generación plana?

Últimamente me parece que alimentamos nuestro control freak interior a punta de tecnología. Si lo piensas bien, todo está diseñado para que nada se salga de control.

Cuando escuchas una canción te sugieren similares, cuando lees una noticia te llegan otras con el mismo ángulo y dele clic a una receta en Instagram para que vean cómo le salen miles de recetas similares.

Ahora todo está diseñado para darnos gusto, para ser automático, sin tiempos de espera y para que como usuarios nos sintamos satisfechos. Pero me pregunto si se nos está yendo la mano.

El foco en la experiencia perfecta tal vez nos está quitando el placer de la sorpresa, y nos pone en un nivel de exigencia que hace que momentos que podrían ser fantásticos pasen desapercibidos.

Si solo escuchamos, leemos y experimentamos lo que nos gusta, ¿cómo vamos a conocer cosas nuevas? ¿Cómo vamos a alimentar nuestra creatividad y cómo nos vamos a permitir cambiar, evolucionar y, sobre todo, ser mucho más flexibles?

La base de la creatividad está en la exploración, la gracia del pensamiento crítico en el cruce de información de fuentes diferentes y, desde mi punto de vista, parte de la felicidad radica en la capacidad que tenemos para transformarnos y sorprendernos.

Si todo está calculado, medido y ajustado a lo que hoy queremos o creemos que es importante, estamos bloqueando esa posibilidad.

No soy ni cinco de ver fútbol, pero cuando juega Colombia hay que verse los partidos. Ser una observadora de partidos cada 4 años me ha permitido ver los avances del VAR.

En el partido contra Portugal nos anularon un gol, nos mostraron un render con una línea perfecta en la cual se detecta claramente cómo Dávinson Sánchez tiene la punta del pie (casi que el dedo gordo) en fuera de lugar. Ante esta imagen no hay ninguna discusión.

Y sin ánimos de parecer una hincha ofendida, creo que lecturas como esta son la muestra de que mi teoría no está muy lejos de la realidad. No existe nada más humano que el juego, y el juego debería ser humano.

Permitirnos la posibilidad de hacer jugadas arriesgadas, de moverse solo con el objetivo de meter un gol y de sorprender al público. Desde siempre el fútbol celebra el atrevimiento; las jugadas más recordadas son en las que los jugadores hacen cosas que nadie se espera. Y eso es lo que más emociona.

Si todo lo vamos a medir milimétricamente, entonces cambiará su esencia; si todo hay que consultarlo con la máquina, entonces deja de ser humano.

Claramente el VAR es una gran herramienta, para cuando no hay entendimiento entre las personas. Para cuando es evidente que es una situación en la que el árbitro no logra llegar a una conclusión justa.

Tal vez estamos entrando en una nueva generación del juego; quizás más adelante los árbitros sean reemplazados por robots. Pero en mi opinión los juegos deberían quedarse en el espectro humano, con todos los errores, las improvisaciones y las imprecisiones, porque eso es lo que lo hace divertido.

En cuanto a nuestra vida y el día a día, ¿qué vamos a hacer para sorprendernos más? Para descubrir cosas nuevas sin el velo del algoritmo.

Y les dejo mi práctica más amada: leer. Leer de países diferentes, de temas distintos, dejarse asesorar por los libreros, darle alas a la curiosidad de aprender sobre un tema inexplorado.

Meterse en un club de lectura, donde escuches puntos de vista diferentes al tuyo y donde sugieran libros que jamás elegirías.

Y ustedes, ¿qué están haciendo para alimentar su curiosidad?

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Lo difícil no fue votar, fue entender la opinión del otro