El volcán que siempre explota: el problema que ignoramos.

En la isla de Martinica, el Monte Peleé, un volcán activo, dio, en 1902, señales evidentes de una posible explosión: había columnas de ceniza, temblores y una invasión de serpientes venenosas. A pesar de esto, la mayoría de la población no abandonó el lugar y las autoridades, que esperaban con ansias las elecciones, dieron un parte de tranquilidad indicando que no había peligro. Para aquellos que interpretaron las señales e intentaron desplazarse, se encontraron con bloqueos en las vías y puertos; la orden era que, ante ninguna circunstancia, debían abandonar la ciudad. Pocos días después, el resultado fue devastador: el volcán explotó y miles de personas murieron. Saint Pierre desapareció por completo.

¿Por qué ante las múltiples señales no se fueron? Parecería obvio que había que salir de emergencia, pero muchas veces, ante señales evidentes, ignoramos un problema que está a punto de explotar y este se convierte en una sombra de la que es imposible escapar. ¿Pero te has preguntado por qué lo evitas?

Hay muchas razones, entre ellas el miedo que nos produce lo desconocido. Cuando no contamos con el conocimiento, creemos que no podremos resolverlo o no sabemos exactamente a qué nos enfrentamos.

Para otros es un tema de vergüenza. Creemos que a nadie más le pasa o que deberíamos tener la respuesta, se supone que para eso te contrataron, “eres un experto”, entonces lo ocultamos debajo del tapete para que nadie lo vea.

Estamos llenos de prejuicios y enseñanzas culturales. Frases como “los hombres no lloran”, “las mujeres no se quejan”, “los celos son amor”, “hay que trasnochar para ser exitoso”, hacen que normalicemos el problema y convivamos con él.

Y nos da pánico la confrontación; el resultado puede representar el final de nuestro trabajo, de una relación… es una amenaza que queremos evitar a toda costa.

Pero un problema al que no le entramos es como la “paz” de un volcán antes de estallar.

Y ante esa paz hay dos realidades: su explosión es inevitable y es mejor estar preparados. Los problemas no desaparecen ignorándolos, todo lo contrario.

Hace poco escuché que la paz no se crea evitando el conflicto, es todo lo contrario, hay que enfrentarlo. Por supuesto, con la mentalidad y herramientas adecuadas, ya que el objetivo es resolverlo y no volverlo más grande.

Pero para esto debemos estar cómodos con la realidad de que estaremos incómodos y que incomodaremos a otros. La solución de un problema no es una autopista en la que vamos de un punto a otro a velocidad crucero, con aire acondicionado y una silla abullonada. Es una carretera destapada, llena de curvas, huecos, personas y animales que se atraviesan por el camino; habrá que parar, preguntar indicaciones y probablemente convencer a muchos para que te dejen pasar.

Si tienes un problema que llevas rato evitando o que no sabes exactamente cómo atacar, empieza por preguntarte: ¿Cuáles son tus bloqueos con este problema? ¿Cuáles son tus miedos? ¿Qué restricciones tienes?

Darle la espalda al volcán solo hará que te quemes, si aprendes a identificar las señales y las enfrentas, podrás solucionar a tiempo.

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