La importancia de un cliente difícil

Esos clientes que nos sacan de quicio, que nos hacen repensar todo, con los que algunas veces soñamos y con los que hablamos varias veces durante el día (mentalmente) son fundamentales para identificar oportunidades y cuestionarnos.

Todos estos clientes llegan para enseñarnos algo, en mi experiencia he tenido clientes que me han obligado a repensar mi servicio, a modificar mi discurso, a estudiar y hacer cambios o ratificar que lo que estamos entregando es lo que necesita. Nos han enseñado a poner límites a la entrega, a dar más o menos cuando es necesario y sobre todo a entender muy bien qué necesitan y qué están diciendo, antes de pasar a la acción.

No es fácil separar las emociones en una conversación con un cliente insatisfecho o confundido, pero cuando lo logras es realmente provechoso. Nos permite sacarnos de la ecuación, dejar de lado el ego, nuestras ganas de unos aplausos, y entender dónde hay una oportunidad de ofrecer algo diferente, de agregar un plus, de mejorar nuestra comunicación o la forma en la que entregamos el servicio.

Nadie se salva de tener un cliente difícil, algunas veces nosotros mismos somos ese cliente. Más vale sacarle el mayor provecho, adoptando una mentalidad de aprendizaje: “¿Qué cosa positiva puede resultar de esto? Quitando las emociones ¿qué me están pidiendo? ¿Por qué no estamos logrando esa entrega de valor? ¿Necesitamos ser más claros en nuestros límites y alcance?”

A todos los que hoy están manejando ese cliente difícil y se están trasnochando con él, mis felicitaciones. Eso quiere decir que su negocio les importa, que realmente están interesados en entregar valor y ofrecer lo mejor de su empresa. A todos ustedes pónganse las gafas del aprendizaje y enfoquen todo su esfuerzo en identificar dónde está la oportunidad para su negocio, no es personal, y con este enfoque seguro saldrán mejorados, más fuertes y con muchísima más experiencia.

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