Simple: planear para ejecutar
Un amigo finlandés nos invitó a correr una carrera de 10 días a campo traviesa en Sudáfrica. El cuarto integrante era un europeo metódico, fuerte y entrenado, con quien apenas habíamos hablado antes de la competencia.
Al inicio compartimos expectativas:
—Disfrutarla sin lesionarme. Dormir 3 horas diarias.
—Quedar en el ranking, perdernos poco y disfrutar.
—Llegar bien ranqueado, disfrutarla … y dormir.
El nuevo apenas dio una respuesta vaga, que interpretamos como acuerdo. Pero para él lo esencial era quedar en el ranking.
Para lograrlo había que darlo todo, en el momento preciso, y sostener la energía del grupo durante 10 días. Cargar la mochila de un compañero agotado o arrastrarlo para mejorar el rendimiento total. Saber cuándo dormir, comer o beber, porque una escalada sin descanso o una bici de 10 horas sin agua pueden ser tan peligrosas como un río revuelto o una escalada trasnochados.
La carrera empezó con 80 km de caminata entre campos ganaderos infestados de garrapatas y un desierto junto al mar. Recuerdo el dolor de la arena golpeando la piel quemada por el sol. El nuevo demostró su entrenamiento, siempre adelante, marcando un ritmo imposible. Nunca cargó un gramo de los demás. Con las horas, su afán y frustración por no cumplir la tabla de tiempos se volvieron evidentes.
En la madrugada siguiente, durante un tramo de 200 km en bicicleta, decidimos dormir en un colchón natural de hojas de eucalipto, justo antes del amanecer. Era seco, mullido y con olor a sauna.
—No voy a dormir, me dan miedo los insectos —dijo el nuevo.
—Debajo de eucaliptos es poco probable que haya insectos, y no hay fauna peligrosa. Duerme —le respondimos.
Todos descansamos. Él no.
Y así continuó la dinámica: esfuerzos individuales, choques culturales, discusiones sobre dormir, silencios incómodos… Hasta que al cuarto día mi rodilla se lesionó y abandonamos. Paradójicamente, nos salvamos de la etapa siguiente: dos días de caminata en selva. Cuatro personas con intenciones distintas no podían avanzar juntas en semejante entorno.
En nuestra definición del ¿por qué? nunca aclaramos qué significaba “disfrutar la carrera”. Para los tres veteranos era obvio: trabajo en equipo.
El ¿por qué? personal debe ser compatible con el ¿por qué? del equipo. En las carreras esto varía según los integrantes, el tipo de ruta y el nivel de entrenamiento. Cada carrera es un nuevo proyecto. En cambio, en las empresas, el ¿por qué? se mantiene en el tiempo.
El ¿por qué? es la gasolina que mantiene vivo un proyecto y la herramienta que nos devuelve el norte en los momentos difíciles. En una empresa, debe estar tan claro que alinee a todos.
Es siempre el punto de partida.