Aprender a decir NO: la clave del manejo del tiempo
Para una planeación exitosa hay que tener claras las prioridades, esto te permite decidir qué vas a hacer y qué NO vas a hacer. Pero hay otra variable importante para tener éxito: ser aterrizados.
Y con esto me refiero a la capacidad de reconocer qué somos capaces de hacer y en cuánto tiempo. Personalmente es una variable en la que me esfuerzo, siempre quiero hacerlo TODO en el tiempo limitado con el que cuento. No es en vano que mis amigas tengan el término “Luisada” para los momentos en los que trato de meter millones de planes diferentes en un solo día.
Para dar un ejemplo: en un solo día desayuné en Rincón del Mar, viajé a Cartagena, tomé un vuelo a Medellín, tuve un almuerzo y terminé en un concierto. Yo sufro de lo que algunos llaman FOMO (fear of missing out). Durante muchos años logré cumplir con casi todo, hasta que me volví mamá y entendí que no me caben tantas pelotas en las manos. Me enfrenté a eventualidades desconocidas.
La lista de tareas no se termina nunca, ¿les pasa? Muchas veces el problema no se arregla con ser más organizados ni más determinados. Algunas veces depende de qué vamos a hacer y qué recursos necesitamos (personas, tiempo o herramientas). Hay que reconocer que no podemos hacerlo todo y que la perfección es una utopía.
Quienes logran dominar el manejo del tiempo tienen muy claras sus prioridades, conocen sus capacidades y limitaciones. Son personas que saben delegar (sin vigilar cada paso que da el otro) y que PRACTICAN.
La práctica afina mi capacidad de asignar o asignarme actividades. No se trata de volver a escribir en otra hoja la interminable lista para el siguiente día, sino identificar después de un día de trabajo qué fui capaz de hacer, metiendo reuniones, descansos y eventualidades, y hacer una planeación más aterrizada del día. Es decir, poner las actividades más importantes que puedo hacer en el día al que me enfrento.
Esta planeación no incluye solo el trabajo. También incluye tiempo con mi familia, comer, hacer ejercicio, verme con amigas, etc. Un error común en el manejo del tiempo es tener en cuenta solo las actividades laborales y olvidar que en el descanso y la socialización está la gasolina para rendir.
Aprendí lo importante que es trabajar por bloques y no hacer muchas actividades al mismo tiempo. Aún no la domino, pero la diferencia en la eficiencia es notable, reduce el desgaste mental y la frustración.
Hacer muchas cosas a la vez se puede ver así: trabajar en el presupuesto con el WhatsApp Web abierto, se nos filtran mensajitos que nos distraen. Manejar y hablar con el banco, se nos olvidan las claves, nos chocamos o cogemos la ruta equivocada (retrasos, mal genio, repetir tarea).
Este comportamiento nos hace sentir que hicimos de todo, pero no terminamos nada.
La buena administración del tiempo no se hace una sola vez. La vida cambia constantemente: maternidad, nuevos trabajos, nuevos romances, nuevas responsabilidades. Cada vez tendremos que revisar nuestras prioridades, qué somos capaces de hacer y qué no, qué delegar y, sobre todo, a quiénes hay que comunicarlo. Como dice Claudia Restrepo en nuestro curso de manejo del tiempo: “No estamos solos”, el manejo del tiempo no depende solo de nosotros. En mi caso, muchas veces depende de una niña de un año y medio.
Poco a poco he mejorado mi técnica, hay veces funciona perfecto y hay veces no. Lo importante es practicar y ser conscientes de que el tiempo es un recurso valioso del cual no tenemos control, pero hay muchas herramientas que podemos aprender para sacarle el mayor provecho posible.
Decir NO a lo que no me cabe es uno de mis objetivos para este año. ¿Resuena con alguno de ustedes?